En el año 1998 se celebró el cuarto centenario del fallecimiento del rey Felipe II. Como conmemoración de ello se llevaron a cabo infinidad de actos, exposiciones y publicación de libros.
Felipe II (Valladolid 1527-El Escorial 1598) fue rey de las Españas desde 1556 hasta 1598.
Felipe II mandó construir el Monasterio de San Lorenzo el Real, conocido desde sus principios como El Escorial, a partir de 1563, para conmemorar la batalla de San Quintín. Con la ejecución de este admirable proyecto, quería perpetuar la gloria de la Monarquía Hispánica, representada en la figura de su padre, el Emperador Carlos I, y de él mismo, como continuador de la grandeza de la Casa de Austria.
En la Carta de Fundación del Monasterio de San Lorenzo se incluye la creación de una biblioteca encaminada a ser el primer edificio de estas características en España. Esta decisión real fue la respuesta a un importante problema presentado al Soberano por un grupo de humanistas e intelectuales españoles, quienes plantearon la necesidad de ver reunido en un único edificio, los más importantes manuscritos e impresos que se encontraban dispersos en multitud de monasterios y bibliotecas privadas. La nueva biblioteca se emplazó dentro del Monasterio como una de sus partes fundamentales.
La dotación de fondos comenzó con la biblioteca privada del rey, compuesta por más de mil doscientos volúmenes, a la que siguieron también las de otros muchos personajes del momento. También ingresaron bibliotecas completas de otras fundaciones reales, como la de los Monasterios de Guadalupe y la Capilla Real de Granada. A todo ello hemos de añadir las inumerables compras realizadas por toda Europa, para las que no se escatimaron ni los medios ni el dinero.
Entre todos los lamentables sucesos que han mermado el número de volúmenes allí guardados, hay que destacar el voraz incendio de 1671, que destruyó más de cuatro mil manuscritos. En la actualidad contiene unos cuarenta y cinco mil impresos, la mayoría de los siglos XV y XVI; y una colección de más de cinco mil manuscritos que se distribuyen en las siguientes lenguas según su importancia numérica: árabe, latín, castellano, griego, italiano, hebreo, catalán, francés, chino, persa, portugués, turco, armenio, alemán y nahualt.
Felipe II fue un promotor de las artes y más coleccionista de libros que lector y, aunque en los años de formación se compraron para él numerosas obras representativas del esplandor renacentista, a su muerte le rodeaban, sobre todo, libros piadosos, de magia y astrología.
Felipe II, en escritos que mandaba a los libreros, corredores y tratantes de libros de la época, les pedía que hicieran inventario de todos los libros que poseían, y que escribieran el nombre y apellidos de todos los autores y los entregaran a la Inquisición. Si se negaba a ello, un comisario les detendría para ser juzgados. Los libros que estuvieran en el Índice serían retirados inmediatamente y sus dueños detenidos. Los inquisidores serían los encargados de poner la pena según la gravedad del delito.
En la corte de Felipe II se tomaban medidas aislacionistas y contrarias a la libertad de creación. Las duras medidas adoptadas desde las reales pragmáticas de septiembre de 1558, contra la entrada y distribución de libros constituyeron una rémora para el desarrollo cultural.
Felipe II fue un monarca que tuvo una relación estrecha con los libros y su entorno. Su actitud fue decisiva en la evolución del país y dejó un gran legado cultural.
Te preguntarás qué es BookCrossing (cruzando libros). BookCrossing es un club de libros global que atraviesa el tiempo y el espacio. Es un grupo de lectura que no conoce límites geográficos. ¿Te gustan los libros? ¿Quieres compartir tus libros favoritos con otras personas? ¿Nunca has pensado en hacer que tus libros “viajen”? Intercambiar libros nunca ha sido tan excitante que con BookCrossing. La meta es convertir el mundo entero en una biblioteca. BookCrossing es un intercambio de libros de proporciones infinitas, el primero y único de su clase.
FUNCIONAMIENTO
¿Te gusta leer? Es probable que en tu casa tengas muchos libros que ya has leído. Has pensado que te gustaría compartir algunos de ellos con otras personas a las que les guste leer. Pero no sabes cómo hacerlo. Alguien te ha hablado de una iniciativa que existe en internet, una comunidad de usuarios que ponen a disposición de otros sus libros llamada BookCrossing. Conéctate a Internet y teclea la siguiente dirección: www.bookcrossing.com.
Para poder compartir tus libros necesitas tener una estantería donde registrarlos, basta con darse de alta en el sistema para tener una estantería (bookshelf) propia.
Así que para conseguirla, sólo tienes que registrarte: elige un nick o alias o nombre de usuario, introduce una dirección de e-mail válida y una contraseña. Si lo deseas puedes rellenar resto de los campos, país, provincia, ciudad, etc., datos que permitirán a los demás conocerte. Finalizado el proceso ya eres miembro. Todo el proceso es anónimo y gratuito. Los datos introducidos son confidenciales. Además, por seguridad, la web no permite el envío de spam a los usuarios registrados.
REGISTRAR LIBROS
Una vez dada de alta, el sistema te adjudica automáticamente una estantería. Para poder acceder a todas las ventajas como miembro registrado en BookCrossing, hay que asegurarse de tener la cuenta activa en el sistema antes de manipular la estantería. A partir de ahora, ya se pueden registrar aquellos libros que quieras liberar o prestar a otros. Para registrar un libro únicamente habrá que ir a la opción adecuada y rellenar los campos: ISBN, título, autor, temática, puntuación, hacer un breve comentario sobre el mismo y elegir un estado para el libro (disponible, colección permanente, reservado, para ser leído o viajando). Finalizando el proceso, el libro queda registrado en la base de datos de BookCrossing.com.
A continuación aparece una pantalla que contiene el número de identificación o BCID de ese libro. Es una serie de números con la estructura XXX-XXXXXXX que aparece escrito sobre un fondo amarillo.
El BCID es el número de identificación de ese libro dentro de la base de datos o biblioteca de BookCrossing. Es muy importante anotar ese número a mano en el propio libro o bien escribirlo en una etiqueta o post-it que se pega en la portada o cubierta del libro.
LIBERAR LIBROS
Liberar libros consiste en dejar libros registrados en la calle. Para ello, desde tu estantería y comprobando que está activa tu sesión en el sistema, pincha sobre el título del libro y elige “hacer una nota de liberación”. A continuación delimita el lugar de liberación; País-Provincia-Ciudad y lugar. Si el lugar exacto no está en el listado, podrás añadirlo sin problemas. Tan solo te queda elegir la hora y la fecha de liberación, además de escribir una pequeña nota explicando dónde vas a dejarlo.
Antes de liberar el libro, asegúrate de que está etiquetado de forma adecuada. Para proteger el libro de las incidencias del tiempo puedes envolverlo en una bolsa de plástico transparente y bien cerrada. Le puedes añadir un folleto explicativo.
Al hacer la nota de liberación, los miembros de BoookCrossing registrados en tu ciudad, pueden recibir un aviso en su correo, informándoles de la liberación que se va a lleva a cabo y podrán acudir a intentar cazar el libro.
¿QUÉ HAGO SI ENCUENTRO UN LIBRO BC?
Lo primero de todo, enhorabuena, tienes entre tus manos un libro que viaja buscando nuevos lectores. Para tener acceso al diario de viaje de ese libro, sólo hay que usar el BCID que tiene apuntado. Regístrate y desde tu estantería pincha en “hacer una entrada en el diario” e introduce el BCID. Con ello accederás al diario de viaje del libro, sabrás por dónde ha viajado y quién lo ha leído y lo más importante, podrás hacer una entrada en el diario explicando dónde lo has encontrado y tus planes para él. A partir de entonces, y una vez lo hayas liberado, cada vez que otra persona encuentre ese libro y lo registre en BC, recibirás un aviso en tu correo y podrás seguir el viaje del libro. Emocionante, ¿verdad?
Las tres eRRes de BookCrossing:
* Read (Lee un libro)
* Register (Regístralo)
* Release (Libéralo)
A continuación, una serie de consejos.
DECÁLOGO DEL BOOKCROSSER BIEN EDUCADO
1. Cuando liberes un libro en la jungla serás consciente de que probablemente nunca más sabrás de él. Pero eso no te desanimará para seguir: el día que alguien cace uno liberado por ti y lo cuente, compensará todas las dudas anteriores, ya verás.
2. Serás siempre cuidadoso con el anonimato de otros bookcrossers. A muchos no les importa. Otros prefieren no mezclar sus vidas privadas/profesionales con su “vida BC” y ante la duda….
3. Siempre harás una entrada en el diario NADA MAS recibir el libro, sea cazado en la jungla, o recibido por correo o en mano. Luego otra cuando hayas terminado de leerlo, y una tercera cuando se vuelva a liberar. O no podremos quejarnos de que otros no lo hagan, ¿verdad? Al menos nosotros “sabemos” lo que hacer con un libro registrado.
4. Igual que con cualquier libro que uno recibe prestado (aunque técnicamente el libro “cazado” sea ya tuyo y por consiguiente hagas con él lo que quieras) parece cortés no tardar meses en leerlo sin dar la menor señal de vida mediante una entrada en el diario.
5. No eternizarse es de esencial importancia en “rings y rays”, donde una lista de gente espera que tú termines para leer un libro por el que se interesan. Se suele hablar de entre 15 días y un mes para leerse un libro de éstos y pasarlo al siguiente.
6. Al pedir directamente un libro, ofrecerás intercambiarlo por uno tuyo. Si al otro no le importa que no sea intercambio, es él quien debe decirlo.
7. Y si tienes respuesta positiva y te piden la dirección para mandártelo, ese suele ser el momento en que se deja caer el anonimato y se cuentan nombres y apellidos (y dirección claro). Se da por descontado que el que tiene esa información cumple escrupulosamente el 2º mandamiento y no dará nunca pistas que permitan tu identificación.
8. Tampoco es demasiado educado dejar pasar semanas antes de contestar un mensaje privado. Tanto menos educado si lo que no contestas es una respuesta a un mensaje tuyo.
9. En los foros serás corto y cortés. En BC hay gente de y para todos los gustos. Pero a casi nadie le gusta ser agredido.
10. Siempre cuidarás el libro libre que tienes “de prestado”, ya que sabes que quiere pasar por muchas manos y teViajener una larga vida. Si está deteriorado, no estaría de más que intentases hacerle una pequeña reparación que alargue su vida.
Cuando un bibliotecario realiza una descripción catalográfica convencional, la ilustración de la cubierta es un dato secundario de escasa relevancia. Sin embargo, en la descripción de bibliófilo, estos elementos de la ilustración, tantp de la cubierta como del interior, sí se tienen en cuenta como unidades descriptivas específicas de indudable importancia.
Es posible que lo que se intenta realizar en una descripción catalográfica convencional sea dar al usuario una información general acerca de un libro, pero ¿por qué dejar en el tintero datos del libro que para muchas personas pueden ser interesantes? La ilustración, sin lugar a dudas, es lo primero que el posible lector verá de un libro y lo que transmitirá a este lector en potencia una serie de sensaciones que pueden hacerle que se interese realmente por la otra y la lea.
Ilustraciones hay diversas, y no solo en la cubierta. Puede haberlas en el interior de un libro, cuya finalidad es la de dar una explicación a la temática del texto. Puede haberlas al final del libro, como documentación adicional del trabajo realizado. Pero es la ilustración de la cubierta lo que centra este artículo. Lo cierto es que hoy todos los editores rivalizan por convertir el libro moderno en una verdadera obra de arte, incluso olvidando a veces su función básica como tal.
La importancia de la ilustración de la cubierta en el diseño de un libro, viene dada por el elemento decorativo y económico relacionado con la elaboración. Este elemento resulta prioritario por cuanto el libro puede ser comprado sólo mirando la ilustración de la cubierta. En ella, el dibujante plasma gráficamente las ideas de un escritor, editor, etc.
El editor de un libro encarga a un dibujante, una o varias ilustraciones para la cubierta de su libro. Puede que el editor dé vía libre al dibujante para que pinte las ilustraciones o que le marque “a priori” las pautas que debe seguir. Pero, aunque el editor le dé libertad en la concepción de las ilustraciones, el dibujante tendrá en mente unas reglas a la hora de realizar los dibujos, según la clase de publicación. Si el editor pretende sacar al mercado un libro infantil, el artista deberá realizar un dibujo sencillo y ágil, con colores vivos. En cambio, si se pretende publicar un libro para lectores adultos, el dibujante podrá optar por otro tipo de dibujos y colores. También es muy conveniente que, escritor y dibujante, se reúnan e intercambien ideas en cuanto a la producción de las ilustraciones de la cubierta. Cuando el dibujante ha temrinado las ilustraciones, el editor elige cual de ellas sacar al mercado.
Si para la publicación de un libro, la ilustración de la cubierta es importante, mucho más lo es para los “tebeos” (llamados comúnmente en la actualidad “cómics”), donde una cubierta impactante puede hacer comprar el tebeo a un lector casual. Las grandes editoriales de la industria del tebeo tienen un editor de cubiertas, un profesional que se encarga de supervisar todas las ilustraciones para las cubiertas.
Casi todas las cubiertas empiezan con un boceto a lápiz hecho por el dibujante. A veces se presentan una serie de bocetos, y el editor de la serie selecciona el mejor. En un boceto de cubierta, el editor busca ilustraciones ágiles e impactantes, es decir, que se “vendan” bien, todo ello debido a la cantidad de títulos que aparecen en el mercado y a la necesidad de dar salida a los ejemplares.
Después de que el editor de cubiertas y el editor de la serie del tebeo aprueben el boceto, el artista completa los lápices. Cuando se presentan los lápices acabados, ambos editores se reúnen para asegurarse de que todos los elementos visuales requeridos estan presentes. Luego, los lápices los recoge el entintador, que los delineará en tinta negra y añadirá sombras y negros. Puede darse el caso que el artista a lápiz y el entintador sea la misma persona.
Después, la ilustración entintada, vuelve a manos del editor de cubiertas, que hará un boceto sugiriendo la colocación de textos. Él también se encargará de picar el logo, los créditos, etc., o mandará que lo haga un colorista que distribuirá los colores y proporcionará los códigos con los que trabajarán los técnicos. Cuando la ilustración ya está coloreada, se corrigen los errores que pueden haber surgido, y se envía la ilustración al separador. cuando los fotolitos estén acabados, la prueba va a la imprenta, y después todos vemos las ilustraciones de las cubiertas en todos los quioscos y librerías.
(Fuente. Revista Cejillas y Tejuelos. Artículo escrito por Javier González Yuste y Sebastián Martínez Almagro)
El Museo Arqueológico Provincial de Alicante se inauguró en el año 2000 y a pesar del relativo corto espacio de tiempo que lleva funcionando, se ha convertido en uno de los mejores museos de este tipo en la Europa actual.
El edificio que lo alberga es el conocido antiguo Hospital San Juan de Dios, obra realizada entre 1926-1929, por el arquitecto Juan Vidal Ramos.
Arquitectónicamente hablando, el Museo entraría dentro del tipo de edificios que no fueron construidos para la función museística, lo que ha motivado una laboriosa adaptación, que ha conjugado el respeto a la situación y carácter originales del monumento y a las exigencias museográficas de una instalación moderna para albergar, no sólo la colección, sino los complejos montajes expositivos de las diversas exposiciones temporales que acoge.
En este tipo de edificios se ha de realizar un gran esfuerzo para conseguir una perfecta coherencia entre la obra expuesta y las infraestructuras arquitectónico-museográficas, que en otros muchos casos o no se ha conseguido, o no han estado exentas de polémicas, pero que aquí, parece ser que sí se ha sabido conjugar.
Aunque en la actualidad el museo y la biblioteca se consideran dos instituciones que no tienen puntos en común, la realidad es que los museos y las bibliotecas han sido dos instituciones que han evolucionado casi en paralelo. Ambas basan sus orígenes en una principal función conservadora y de custodia, pero con el tiempo han evolucionado hacia una función más divulgativa. Ambos conceptos, el de la biblioteca y el de museo coinciden, pues, en dos aspectos sustanciales: el carácter de centros responsables de la custodia de bienes culturales, y el de la disponibilidad de su uso. A las dos instituciones se las hace custodios y, en consecuencia, garantes de unos fondos, que no adquieren su verdadera dimensión de fondos bibliotecarios más que con la utilización pública. La simple acumulación de objetos o documentos no hace, pues, que una biblioteca sea biblioteca o que un museo sea un museo. La función exclusiva de guardia y custodia de estos bienes dejaría reducida ambas instituciones al papel de un almacén más o menos especializado.
La dimensión investigadora de los museos es la que da sentido a la aparición de la biblioteca. La investigación en el campo de los museos cuenta con importantes medios que posibilitan su lasbor científica, entre los que se encuentran, los laboratorios, los proyectos de investigación, las publicaciones y la biblioteca.
Conceptualmente la biblioteca del MARQ, se entiende y está definida como una biblioteca especializada en Arqueología e Historia Antigua. El considerable fondo especializado que alberga el museo es un buen baremo para resaltar, por otra parte, la calidad de la investigación en esta institución. Es por ello por lo que en los Museos, la biblioteca está directamente relacionada con la labor investigadora, como el medio que facilita y posibilita la labor científica, el estudio, los proyectos de investigación y las publicaciones.
En relación, una vez más, al espacio arquitectónico, una de las singularidades de la Biblioteca del MARQ esq ue está ubicada en lo que podria denominarse el ala noble del edificio, en lo que fue la antigua capilla y que como tal incluye un coro en la parte superior. De estilo neogótico, es una sala de planta rectangular que en ocasiones se convierte en sala multiusos, para realizar presentaciones de libros u otros eventos, y es por eso por lo que esta parte de los fondos no sea de acceso directo para el usuario y esté dispuesto en vitrinas cerradas.
Los fondos de esta sala están relacionados con las funciones y actividades que se llevan a cabo en el museo: la educación, la conservación, la restauración y la exhibición. Sus libros sobre Museología, Museografía, Enciclopedias, Obras de referencia sobre Historia del Arte, Diccionarios y sobre todo Catálogos de Exposiciones. Este fondo resulta de gran interés porque reúne todos los catálogos que acompañan a las exposiciones temporales, no sólo del MARQ, sino también las que se realizan en otros Museos Arqueológicos nacionales e internacionales con los que mantiene intercambios.
Es esta labor de intercambio una de las facetas más interesantes de la biblioteca. Se realiza, sobre todo, con los catálogos de exposiciones entre importantes museos arqueológicos del mundo. Aprovechando que el museo tiene su propia publicación titulada MARQ: Arqueología y Museos, de periodicidad anual, también se realizan intercambios de monografías especializadas, con las Universidades y con publicaciones estadounidenses sobre arqueología, arte, antropología, numismática, epigrafía, etc. Esta sala principal comunica con otras dos salas de lectura, donde se encuentra ya, el grueso del fondo bibliográfico dispuesto en estanterías de libre acceso.
La organización de este fondo está en función del interés y la comodidad de los técnicos historiadores que trabajan en el Museo, ya que son los principales usuarios de la biblioteca. Así que la mejor manera en la que han convenido organizar el fondo ha sido por orden cronológico, según las etapas de la historia, por materias y dentro de ellas por submaterias. Por ejemplo: Prehistoria/General, Prehistoria/Península Ibérica, Prehistoria/Comunidad Valenciana u otro ejemplo sería: Edad Media/General, Edad Media / Paleocristiano, Edad Media / Bizantino, Edad Media / Visigótico, y una vez en las estanterías, los volúmenes están ordenados por orden alfabético de autor o de título.
Siendo una biblioteca especializada, a merced, casi, de los técnicos del Museo, el tipo de usuario que accede a esta biblioteca es un usuario erudito. Investigadores, profesores de Universidad, doctorandos, son los principales asiduos, lo que la convierte en una biblioteca de cierto carácter elitista, si la comparamos con cualquier biblioteca pública. Es por ello por lo que algunos servicios, como el préstamo, quedan reducidos sólo al personal interno del Museo y de otros departamentos de la Diputación.
La entrada de los fondos de la biblioteca se realiza de tres maneras: el 10% lo constituye la compra, a través de las desideratas de los técnicos de los distintos departamentos del Museo, quienes además son los que establecen los criterios de compra. Una vez realizada la petición, la biblioteca es la que los cataloga.
El intercambio con otras instituciones, como hemos mencionado anteriormente, sería la otra forma de entrada de fondos y por último la donación. De esta última modalidad, destacamos la importante donación que realizó en su día Enrique Llobregat. Un total de 12.000 volúmenes fue lo que donó este erudito profesor, arqueólogo, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, Conservador y Director del Antiguo Museo Arqueológico Provincial de Alicante, cuya producción bibliográfica alcanza más de un centenar de títulos publicados sobre Arqueología e Historia Antigua, un considerable fondo del que en la actualidad hay catalogado un 12% y que junto al resto del fondo, 15.000 volúmenes catalogados entre monografías, publicaciones seriadas y separatas, conforman un fondo bibliográfico total compuesto por 30.000 ejemplares.
Para albegar este considerable fondo la biblioteca cuenta con un espacio adecuado y las personas especializadas que hacen posible la ordenación y clasificación de los fondos, con el objeto de facilitar el uso de la misma, y permitan su acceso a cualquier investigador o persona que requiera la consulta de sus fondos.
(Fuente. Revista Cejillas y Tejuelos, artículo escrito por Rocío García Sirvent)
Letra que adopta figura inclinada, sin rasgos de unión aunque trata de imitar la escritura manual. También se llama bastardilla e itálica. Se divide en cursiva fina y cursiva negrilla.
En imprenta es de mucho uso, combinada con el redondo en casos específicos que a continuación se determinan.
Se escriben en cursiva:
1. Los títulos de publicaciones (obras literarias, científicas, técnicas; diarios, revistas; folletos, fascículos, etc.): El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Tratado de física, Gramática castellana para uso de tipógrafos; El Noticiero Nacional, El Día Gráfico, Manifiesto cubista, etc. Cuando el título de un libro entre a formar parte de otro título no se hace ninguna distinción: Escatología musulmana de la Divina Comedia, de Asín Palacios; La Celestina como contienda literaria; Estudio crítico del Quijote, etc.
EXCEPCIONES:
1) Los títulos de cualquier publicación que se mencionen a sí mismos (esto es, dentro de la misma obra de que son títulos), que se escribirán de versalitas: El TRATADO DE FÍSICA que tenemos el gusto de presentar a los lectores…
2) Los títulos de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, así como las voces Evangelio, Corán o Alcorán y otras, que se escriben de redondo (salvo que formen parte de otro título: Estudio crítico del Corán): la Biblia, los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis, el libro de Josué, etc.
2. Los nombres o títulos de las obras de arte (pintura, escultura, música, etc.): El entierro del Conde de Orgaz, del Greco; La puerta del infierno, de Rodin, el Claro de luna, de Beethoven, etc.
3. Los nombres de barcos, aviones, etc.: el Cabo de Hornos, el Cruz del Sur, el Santa María (avión de Iberia), etc. Conviene recordar que no deben confundirse los nombres propios de barcos, aviones y otros artefactos con los números de serie por los que a menudo se les menciona. Los números de serie u otras referencias que no sean el nombre propio del aparato deben escribirse de redondo sin comillas.
4. Se escriben también de cursiva las anotaciones en comedias, diálogos y piezas teatrales.
5. Las advertencias que en artículos e informaciones periodísticas o en revistas se ponen al principio, en lugar intermedio o al final: Continuación, Conclusión, Sigue en la página 17, Se continuará en el próximo número, se finalizará en el próximo número, etc. (Todas y cada una de estas expresiones se componen entre paréntesis y marginadas a la derecha).
6. Algunas letras, palabras o frases cuando desempeñan un cometido especial en el texto.
1) Las letras de referencia, fórmulas y términos algebraicos: a+b = c; E = i R. Se exceptúan los símbolos de fórmulas químicas, que se escriben siempre de redondo: H2SO4CU. También las letras a,b,c, etc., cuando se usan para dividir las partes de un párrafo, esto es, para encabezar cada uno de los apartados, tanto si van seguidos como si se sacan aparte.
2) Las notas musicales: el do es la primera nota musical. Las palabras aria, dúo, cavatina, marcha, serenata, vals, etc., se escriben siempre de redondo, salvo que por sí mismas constituyan el título o formen parte de él; el vals La viuda alegre, el Vals real
3) Las voces bis, ter, quarter, etc.
4) El adverbio sic (<<así>>) se pone siempre de cursiva y entre paréntesis; sin embargo, en una transcripción es mejor usarlo de cursiva pero entre corchetes, pues de lo contrario parecería que pertenece al autor transcrito y no al que transcribe, salvo que el propio autor aclare que el sic le pertenece.
5) Las frases y locuciones latinas, así como los modos y adverbiales latinos: ad hoc, in extremis, y también los que se emplea en notas y citas bibliográficas: loc. cit. (loco citato = lugar citado), id. (ídem), ibíd. (ibídem), pássim, etc. Sin embargo, existe actualmente tendencia a usar de redondo, en todos los casos, las expresiones latinas de uso común, y con más razón las registradas en el Diccionario oficial; las opiniones son contrarias, y aunque parece absurdo usar de cursiva a posteriori, a priori y otras parecidas como ídem, ibídem, de uso amplio en nuestro idioma, no parece aconsejable en otros casos hacer tabla rasa, pues muchas de estas expresiones latinas, aún registradas en el léxico oficial, no son conocidas por el pueblo; si se desea pueden usarse o todas de cursiva o algunas, las más usadas de redondo, pues en principio no existe razón alguna para poner de cursiva sistemáticamente una palabra que registra el Diccionario.
6) Se escribirá asimismo de cursiva toda frase, palabra o expresión en idioma extranjero. Se exceptúan las transcripciones, que se componen como se haría si en vez de en lengua extraña estuvieram escritas en español (o sea, entre comillas o de tipo menor, según vayan las restantes de la misma obra).
7) Las frases, palabras u oraciones que el autor subraya porque le interese hacerlas resaltar de forma especial, aunque aparentemente no haya razón tipográfica para ponerlas de cursiva.
8) Los vocablos mal escritos de forma intencionada: Me duele el estógamo.
9) Las voces que se toman de dialectos del español: Yo no he zío, zeñó guardia.
10) La palabra o frase que se usa como nombre de sí misma: el término comer no se emplea aquí en el sentido de…; la expresión comer a dos carrillos tiene un significado…
8. Los sobrenombres, apodos y alias aplicados a escritores, artístas, toreros, etc., siempre y cuando vayan junto al nombre propio de cada uno de ellos: Manuel Benítez el Cordobés; Antonia Mercé, la Argentina; Jose Martínez Ruiz, Azorín.
EXCEPCIONES:
1) Estos mismos nombres, cuando vayan citados solos, sin acompañamiento inmediato del nombre propio: el Cordobés toreará en Barcelona; la Argetina fue una artista de gran temperamento; Azorín pertenece a la generación del 98, etc.
2) Los sobrenombres de reyes, papas y santos, que se escriben de redondo: Fernando III el Santo; Alfonso X el Sabio; Fernando el Católico, etc.
9. Los nombres latinos usados en obras de medicina o de ciencias naturales para mencionar nombre de enfermedades, agentes que las producen, etc., o nombres latinos de plantas, árboles, animales, etc. con los que se conocen internacionalmente; la primera palabra de estos nombres se escribe con versal, y los siguientes, con minúscula: Periplaneta americana (cucaracha). A veces cuando se ha mencionado antes, el primer nombre suele abreviarse en los restantes casos: P. americana, etc.
10. En las reconstrucciones de epígrafes en los que faltan letras o palabras, éstas se ponen en cursiva. Si lo que falta son sólo letras (una o varias) se ponen entre paréntesis junto al resto de palabra conocido. Helen(ae): si lo que falta es una palabra entera, ésta se coloca en el lugar que le corresponda, más en este caso con corchetes: [et].
11. NOTA HISTÓRICA. Durante los primeros tiempos de la imprenta no se usó la cursiva: hasta 1464 o 1465 sólo utilizaron los impresores el gótico (imitando la letra de los manuscritos), y a partir de esta fecha, el romano o redondo. En 1501, Grifo, por encargo de Aldo Manuzio, grabó una letra que él habia visto en las escrituras de las chancillerías, por ello llamada chancilleresca, y que a partir de él se llamó aldina o itálica. Se utilizó como modelo un escrito de Petrarca, y se usó por primera vez la impresión de un texto de Virgilio.
(Fuente. Diccionario de tipografía y del libro. José Martínez de Sousa.)
También llamada guía, es la señal que se coloca en la primera página de cada pliego y que sirve de guía al encudernador para doblar y alzar. Se coloca abajo y a la izquierda, por debajo del folio si lo hay, o, de todas maneras, separado del texto al menos por dos líneas de blanco. // Pliego, sea cual fuere el número de sus páginas. // Mota (Se usa en México). // Cran. (Se usa en México). // Señal, especialmente la de números y letras, que se pone a un libro o a un documento para indicar su colocación dentro de una biblioteca o archivo.
Signatura bibliográfica. Signatura topográfica.
Signatura de encaje. La que se coloca en un pliego de encaje.
Signatura de la obra. La que se coloca en un pliego de la obra que no sea de prólogo ni de encaje.
Signatura de prólogo. La que se coloca en el pliego en que va el prólogo.
Signatura explicativa. La numérica que lleva datos.
Signatura literal. Antiguamente (y aún hoy en países anglosajones principalmente) se usaban letras versales en función de signatura; así, la A correspondía al primer pliego; la B, al segundo, etc.; podían ir seguidas de los mismos textos que en el caso de la signatura numérica, o solas; actualmente se usa en países anglosajones la letra seguida de la sigla del título; por ejemplo, A-TF, B-TF (Tratado de Física), etc.
Signatura numérica. Puede consistir en una simple cifra (1, 2, 3, etc.) indicativa del número de orden del pliego, en la cifra seguida del título de la obra (1. Tomo I); en la cifra seguida del título de la obra, comúnmente abreviado (1. Física); en la cifra seguida del título y el tomo (1.Química, III); en la cifra seguida del nombre del autor y el de la obra (1. QUEVEDO. Poesías). Estas signaturas con datos se llaman explicativas.
Signatura tipográfica. La que se coloca al pie de los pliegos, en oposición a la signatura topográfica. Las signaturas tipográficas, tanto numéricas como literales, deben colocarse en la plana correspondiente en el momento de imponer los pliegos en la rama, y el corrector debe revisarlas al comprobar los pliegos de prensa.
Signatura topográfica. Señal que se pone en los libros con números o letras, llamada también signatura bibliográfica o cota. Tiene por objeto localizar los libros en los estantes.
COMPOSICIÓN DE LAS SIGNATURAS
Suelen componerse del cuerpo 6, pero lo que debe perseguirse es, sobre todo, que pase inadvertida para el lector, puesto que para él carece de objeto. A este respecto, algunos editores y talleres tipográficos colocan la signatura lo más alejada posible del texto, con el fin de que al cortar por el pie aparezca aquélla; la obra se presenta, pues, sin signatura, pero subsistirá la seguridad de que si el alzado es correcto no habrá ningún pliego repetido o falta de él.
Puede componerse de caja baja, cursiva o versalitas o de las tres formas. Sin embargo, lo recomendable es componer las signaturas de la siguiente forma: nombre del autor: veralitas; título de la obra: cursiva; lo restante: redondo.
Entre el número del pliego y la leyenda se suele poner cuadratín o menos (-). En las signaturas numéricas se suele añadir al número (si va solo) punto y menos (1.-), a fin de que al haber más elementos sufra menos el número durante la tirada. También se pueden hacer otras cosas, combinaciones de estos casos, cual número, punto y asterisco: 1.*
No se usa sangría en las signaturas; sin embargo, no falta quien la pone, aunque carezca de sentido.
A los encajes, cuando los haya, se les pone una signatura con el mismo número del pliego donde vayan encajados, pero para diferenciarlos se les coloca una letra volada o un asterisco detrás: 8.-ª, 8.-´, 8.-*; si ya hubiera un encaje se duplicarán estos signos.
La signatura del prólogo, cuando la tirada de éste se hace aparte, se pone en números romanos de versalitas, o con letras cursivas o versalitas.
La primera signatura se omite siempre, pues tanto si la primera página es la portadilla como si es la portada, siempre lleva el título de la obra. Sin embargo, si lleva páginas de cortesía debe ponerse signatura explicativa en la primera página de cortesía. Por lo que respecta a las demás páginas, todas deben llevar signatura, aunque estén ocupadas por grabado, cuadro, en blanco, de birlí, etc.
NOTA HISTÓRICA
Los primeros libros carecieros de signatura. Más adelante se usó el registro, colocado al principio y al final de la obra; el primero en usarlo fue Ulrico Hahm, de Baviera, en 1469. Sin embargo, tres años después Juan Koelhof adoptó un sistema de signaturas parecido al actual pero mucho más complicado. De aquí surgió la signatura tal y como la usamos hoy.
(Fuente. Diccionario de tipografía y del libro. José Martínez de Sousa.)
División que se hace en los libros y escritos para mejorar el orden de exposición. Es inferior a la parte, a veces también a la sección, y superior al párrafo. Muchas obras carecen de partes y secciones, por lo que los capítulos son sus divisiones mayores.
NORMAS GENERALES EN RELACIÓN CON LOS CAPÍTULOS
Como regla general, los capítulos no deben comenzar con pronombre demostrativo (éste, ése, aquél, con sus femeninos y plurales) ni terminar en dos puntos (:). El primer capítulo debe comenzar siempre en página impar
COLOCACIÓN DE LOS CAPÍTULOS
Los capítulos pueden colocarse de tres formas: en página impar, a página seguida (sea par o impar) y seguidos entre sí.
En el primer caso, cuando la última página de un capítulo termina en impar se deja blanca la página par siguiente. En el segundo, los capítulos se colocan en página nueva, sea par o impar, sin que, por consiguiente, haya de quedar página alguna en blanco. En el tercero, los capítulos se colocan unos a continuación de otros; en este caso, entre el final de uno y el principio del otro debe haber un blanco aceptable, esto es, que señale claramente el cambio de capítulo; de cualquier modo, ha de ser superior al blanco dejado en las divisiones dentro del propio capítulo. O sea, que en este caso habría que tener tres, o mejor, cuatro o cinco líneas en blanco entre capítulos.
COMPOSICIÓN DE LOS CAPÍTULOS
Hay muchas formas de componer los capítulos; la más antigua es la de usar la numeración romana, en cuyo caso el capítulo primero se escribe siempre con letra: Capítulo Primero (o primero); en los subsiguientes se usan las cifras romanas: Capítulo II, Capítulo III, etc. También se puede, en obras de batalla, suprimir la palabra capítulo y así se pondrá sencillamente II, III, IV, etc., encabezando cada uno de ellos, siempre sin olvidar que incluso en este caso el capítulo primero se escribe con letra.
He aquí otras formas más modernas, de numerar y componer los capítulos: Capítulo 1, Capítulo 2, etc. o bien: 1, 2, 3, etc. o Capítulo primero, Capítulo segundo, etc.; e incluso: Primero, Segundo, etc., o Uno, Dos, etc.
Cuando en una obra se menciona uno de sus capítulos, debe reflejarse en el texto con la misma grafía que se use en los encabezamientos; o sea, que sería impropio encabezar los capítulos con Capítulo IV, por ejemplo, y reflejarlo en el texto con Capítulo 4. La palabra capítulo, en estos casos, suele escribirse con versal, lo mismo que las demás partes de la obra cuando son mencionadas; sin embargo, esta costumbre va cayendo en desuso; podrían ponerse de versal las partes de libro que por sí mismas constituyen el título de esa parte, como en el caso de prólogos, introducciones, etc., pero los capítulos, por lo general, suelen llevar su propio título.
ARRANQUE DE LOS CAPÍTULOS
Lo más general es que la primera línea de texto, si el título hace sólo dos líneas, arranque a la altura de la línea áurea horizontal; sin embargo, se admiten otras formas, cual la de disponer el título a la cabeza de la página, seguido de un blanco adecuado y después el texto, o bien formando arranque caprichoso, con números más grandes que el título e incluso separando de éste verticalmente por un filete, etc. No existen, y ello es natural, normas fijas.
En cuanto a los títulos, lo más común es centrarlos, pero también se ponen marginados, a uno o a ambos lados, y en este último caso se hará de la siguiente manera: página impar, a la derecha; página par, a la izquierda; esta misma disposición adoptarían, en su caso, los títulos, subtítulos, etc.; a veces, sin embargo, se marginan los títulos de capítulos y no se hace lo mismo con los subtítulos, y viceversa dependiendo del estilo de la compaginación.
NUMERACIÓN DECIMAL DE LOS CAPÍTULOS
En obras técnicas, la numeración de los capítulos suele hacerse asi: sólo se usan números arábigos, tanto para los capítulos como para los párrafos, apartados, subapartados, etc., que en cada caso se separarán por un punto (sin otro espacio alguno); por ejemplo: 1.25.3.5 quiere decir: subapartado 5 del apartado 3 del párrafo 25 del capítulo 1; esto simplifica enormemente las cosas en las obras a que va destinada esta numeración, que asimismo puede aplicarse a cualquier otro escrito o impreso.
Cuando se quiera hacer referencia a un escrito (prólogo, introducción, etc.) que no tenga numeración, puede hacerse confiriéndole el 0; por otra parte, la numeración puede extenderse en cada caso tanto como sea necesario; por ejemplo: 67.193.45.2
(Fuente: Diccionario de Tipografía y del libro. José Martínez de Sousa.)
Acaba el año y con él un montón de recuerdos, vivencias, emociones y un puñado de libros con el que has pasado el año. Esos libros que llegaron a tu vida en un momento especial, en un momento de reflexión en los que necesitabas desconectar, pensar en otra cosa, pasar un rato divertido, distraerte y por qué no aprender algo nuevo más cada día.
Hoy es el día de acordarse de esos momentos, de pensar que los libros siempre tienen un mensaje que darnos, un empuje a saber un poquito más de ellos, que no están para hacer bonito ni para decorar una estantería, sino que dentro de sus páginas se esconde un maravilloso mundo de sabiduría, de tiempo, de ocurrencias, de … para que nosotros los lectores podamos disfrutar junto a ellos.
No dejemos que los libros queden en el olvido y mucho menos no nos olvidemos del papel, material que ha perdurado durante siglos y siglos para dejar constancia material de según la materia que ocupe el libro dejarnos constancia.
¿Qué sería de nuestra vida sin los libros? ¿Qué sería de la sociedad sin la cultura? Y, ¿sin las bibliotecas?
No dejemos que todo esto desaparezca ni mucho menos se pierda en el olvido.
Cédula, generalmente con un grabado artístico, que se pega en el reverso de la tapa de los libros, en la cual consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a la que pertenece el libro. Es una marca de propiedad que normalmente consiste en una estampa, etiqueta o sello que suele colocarse en el reverso de la cubierta o tapa de un libro, y que contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria. El nombre del poseedor va precedido usualmente de la expresión latina ex libris (o también frecuentemente ex bibliotheca, o e-libris), aunque podemos encontrar variantes (p. ej. “Soy de…” o similares).
Los ex libris impresos más antiguos son alemanes, de finales del siglo XV, y corresponden a la variante heráldica, que ha prevalecido largamente. En el siglo XVIII alcanzaron a veces mucha importancia los ex libris grabados en acero, muchos de ellos a cargo de grabadores viñetistas franceses famosos. También son interesantes los periodos del período romántico. Grabados en madera o en metal, los ex libris alegóricos constituyen, desde el último tercio del siglo XIX, una especialidad que se ha generalizado por Europa y América, a cargo de artistas de todas las tendencias, y que ha dado origen a una rama del coleccionismo. En el periodo modernista se distinguieron en España como exlibristas A. de Riquer y J. Triadó, ambos barcelonenses.
Además de la leyenda que acredita la pertenencia del libro a una biblioteca personal o institucional, por lo general el ex libris exhibe también alguna imagen. Los ejemplos más antiguos emplean escudos heráldicos; posteriormente predominan imágenes de contenido alegórico o simbólico (muchas veces acompañadas de algún lema). La tipología de las imágenes se ha ido diversificando mucho: abundan por ejemplo las relacionadas con la profesión, actividad, gremio o afición del dueño, también se encuentran muchos de contenido erótico (que habitualmente señala la pertenencia del ejemplar a una colección especializada en esa temática), de tema “macabro” (con esqueletos o calaveras alusivos al paso del tiempo y a la muerte), monogramas, etc. Son frecuentes también los motivos relacionados con el mundo del libro y las bibliotecas.
En cuanto a la elaboración de los ex libris, las técnicas empleadas han ido evolucionando y son muy variadas: antes de la invención de la imprenta los ex libris consistían sólo en una anotación manuscrita; desde el siglo XV se han venido usando las diversas técnicas de grabado o estampación relacionadas con las artes del libro (xilografía, calcografía… y después también litografía, serigrafía, fotograbado, etc.); a estos procedimientos tradicionales se añaden hoy el diseño e impresión por ordenador o la reproducción fotográfica. También se emplean sellos de caucho o en seco (producen una estampación en relieve).
Una variante es la conocida como superlibros: en esta ocasión la marca escrita de propiedad y la imagen (usualmente heráldica) figuran en la encuadernación del ejemplar (estampados por gofrado sobre la encuadernación en piel, bordados sobre una encuadernación en tela…).
Suele citarse como primer antecedente una placa de barro cocido esmaltada en color azul con inscripciones jerolíficas, conservada en el Museo Británico de Londres, que perteneció al faraón egipcio Amenhotep III (s. XV a. C.) y que habría sido utilizada como marchamo de propiedad en los estuches de los rollos de papiro de su biblioteca.
En cuanto a España, el primer ex libris del que se tiene noticia es el del rey Fruela I (756-768) en el reino de Asturias.
Durante la Edad Media hay ejemplos de marcas de propiedad en códices, que consistían en anotaciones manuscritas.
Es a partir de la introducción de la imprenta y el uso de las técnicas de grabado cuando podemos hablar ya de ex libris en el sentido que le damos actualmente al término. Como se ha señalado, predominan en una primera etapa (del siglo XV al XVIII) los de tipo heráldico; a partir del siglo XVIII comienzan a prevalecer las alegorías, símbolos o emblemas.
A finales del siglo XIX e inicios del XX, los ex libris conocen un gran florecimiento propiciado por el Modernismo. Es asimismo en esta época finisecular, la del auge de la bibliofilia cuando crece el interés por esta afición (exlibrismo), aparecen los primeros coleccionistas, empiezan a surgir asociaciones y comienzan a celebrarse congresos y concursos. Surgen también en esta etapa los primeros estudios sobre el tema y las primeras publicaciones especializadas. En España, el primer tratadista sobre ex libris fue el Doctor Thebussem (seudónimo del erudito Mariano Pardo de Figueroa).
Para una interesante y completa aproximación al ex libris desde los siglos XV-XVI hasta la actualidad, puede consultarse la base de datos de Exlibris de la Real Biblioteca, en constante actualización, y que contiene alrededor de 1200 descripciones con un exigente nivel de detalle.
La Real Biblioteca conserva una colección de ex libris importante y representativa. Está formada por tres tipos de ex libris: los propios de la Real Biblioteca; los personales pertenecientes a reyes, reinas o miembros de la Casa Real; y los ex libris de los bibliófilos cuyas colecciones de libros fueron adquiridas o donadas para la Real Biblioteca.
Esta base de datos contribuye al estudio y difusión de las colecciones librarias que forman parte de la Real Biblioteca, identificando, describiendo y clasificando las diferentes marcas de posesión: el ex libris, super libros y otras marcas personales.
El proyecto, junto con la base de datos de Encuadernaciones, muestra el interés de la Real Biblioteca por el estudio del ejemplar, entendido como conjunto de marcas de identidad que singularizan al libro y que permiten trazar los distintos aspectos de su historia particular: coleccionismo, lectura, comercio, etc.
La selección se ha desarrollado a partir de la bibliografía histórica y actual sobre ex libris. El conde de las Navas en su Catálogo de Impresos (1900) recogió y reprodujo algunos de los más frecuentes de la Real Biblioteca. Matilde López Serrano en “Exlibris en la Biblioteca de Palacio” (1947 y 1976) amplió ese breve catálogo. Antonio L. Bouza en El ex libris, tratado general. Su historia en la Corona Española (1990) dedicó una especial atención al análisis y descripción de los ex libris propios de los monarcas y miembros de la casa Real. A este corpus inicial se han añadido super libros heráldicos, representativos de la sucesión de reinados desde Felipe II a Alfonso XIII. En una segunda etapa, que se desarrollará próximamente, se incorporarán los ex libris menos frecuentes y ocasionales.
Se trata de un proyecto abierto a la colaboración de otros centros que posean fondos históricos similares y estén interesados en sumarse y colaborar en la realización de esta iniciativa. El diseño de la base de datos, el formulario de búsqueda, las páginas de resultados, y cualquier otro aspecto técnico, también son susceptible de modificaciones. Por otra parte, se facilitará el acceso y un pequeño manual a todas las bibliotecas que quieran utilizar esta base de datos para catalogar sus ex libris.
Así, al margen de los libros de la Real Biblioteca, se han introducido dieciséis exlibris procedentes de los fondos de la Biblioteca General Universitaria de Salamanca, descritos por Oscar Lilao (USAL. BGUS), y un total de 43 identificativos de las bibliotecas particulares de otros tantos miembros de la Asociación de Bibliófilos de Barcelona. Esta última contribución es obra del estudioso Germán Masid.
Antonio Porpetta nació en Elda en 1936. Pudo ser un sesudo juez o notario, o abogado laboralista, vaya usted a saber, tal como querían sus padres, que para eso le hicieron estudiar Derecho. Pudo ser sapiente ratoncillo de pergaminos, infatigable rellenador de fichas de biblioteca. Por eso estudió también algo tan “provechoso” como Genealogía, Heráldica y Nobiliaria. Pudo ser, y lo fue, y lástima que por poco tiempo, el más marchoso solista de los conjuntos musicales de los años 60. Fue en Barcelona y allí, con el seudónimo de “Jorge Miranda y su grupo”, hizo estragos entre las veinteañeras.
Podía haber tenido algunas de esas profesiones o todas a la vez, que capacidad no le faltaba, pero no pudo evitar ser poeta. Un excelente poeta. Un poeta de los pocos hoy cuyo nombre traspasará la insobornable barrera del olvido. Antonio ha llevado su nombre y, con él, la entraña de esta luz, de esta orilla de mar, la tintura de este suelo y el tañido de nuestras propias palabras por todas las tierras donde hoy es reconocido como un gran poeta y a todas las lenguas a las que se ha traducido. Porque hasta al chino y al serbo-croata han sido vertidos sus poemas, así como así como transcrita al sistema Braille por la Organización Nacional de Ciegos de España.
La obra de A. Porpetta ha conseguido un reconocimiento extraordinario en una sociedad como la nuestra no muy propensa, esa es la verdad, a alambicamientos poéticos. Entre sus premios más queridos, el “Hilly Mendelssohn”, el Fastenrath de la Real Academia Española, el premio Neruda de la Unión of Iberian American Writers of United States of America.
Y es que la poesía de Antonio tiene algo que engancha. Ese algo puede ser un vocabulario riquísimo, un don especial para fijar el exacto nombre de las cosas, para llegar al sentimiento y a la razón del lector con unas palabras que en él parecen recién hechas, acabadas de salir del horno, llenas de toda la emoción que pudieran tener en la primera mañana del mundo.
Y el ritmo. Algo muy propio de los que vivimos en esta tierra de moros y cristianos en la que, con el olor de los almendros, llegan las cadencias de marchas y adagios; ese ritmo se hace elemento clave en la poesía de Antonio.
Y no olvides este consejo de Antonio para ti, que te estás estrenando como poeta:
“No ser poeta sólo ante la cuartilla blanca, sino siempre, en cada momento del día o de la noche, ante cualquier circunstancia. Pero sin cometer la ingenuidad de demostrarlo. Que nadie descubra vuestro estigma si no es estrictamente necesario“.
Inició su labor literaria con la publicación del libro de poemas Por un cálido sendero (Madrid, 1978) que contiene 20 poemas suyos y 15 de su mujer, Luzmaría Jiménez. Significaba el comienzo de la andadura de ambos por el cálido sendero de la poesía, al que seguirían: La huella en la ceniza. Prólogo de Leopoldo de Luis (Alicante, 1980); Cuaderno de los acercamientos (Sevilla, 1980) con él obtuvo el Premio Angaro, de Sevilla, en 1980. Si el anterior libro era el comienzo de un camino hacia el encuentro con la belleza, del asedio a la poesía, éste, lo dice el título significa la aproximación a su objetivo. Antonio se reconoce cercano a su meta, por eso proclama alborozado que le ha nacido una nueva voz, que la ha inundado una renacida luz. Los 24 poemas, muchos de ellos con el tema central del quehacer poético, proclaman la alegría del neófito, del converso a la religión de la llama. Es un libro exultante ; Meditación de los asombros. Prólogo de José Hierro (Valencia, 1981), es posiblemente, su libro más acabado. “Con él, dice Antonio, comencé a encontrar mi propia voz”. Este es el fruto de sus viajes por los lugares mágicos de España, esos que no salen en las guías de turismo y en los que es todavía posible encontrar el estremecimiento por tanta vida que derrumbó el tiempo: un retablo escondido, una estatua yacente en una ermita abandonada, el silencio en las ruinas de un claustro o teatro romano, etc.; Ardieron ya los sándalos (Madrid, 1982), publicado por Adonais, es su primer libro dedicado íntegramente al tema amoroso. Porpetta es un hombre en perpetuo enamoramiento: de la soledad, de las pequeñas cosas, del mar inmenso, de la mujer…de la idea y de la piel que hacen a LA MUJER, sobre todo. Ese es el nexo que une todos sus libros. Ese y la angustia del tiempo destructor de tanta belleza, ceniza de tanta ausencia. Todo el poemario, 23 poemas agrupados en tres partes, es un diálogo con la amada, excepto un largo poema que sirve de enlace entre la primera y la tercera parte, y en el que se manifiesta todo el terror físico y sobrenatural que rodea a la criatura humana, del que sólo puede salvarse anidándose en y a través de amor ; El clavicordio ante el espejo (Madrid, 1983), es uno de los tres libros básicos de Porpetta. Con él obtuvo el prestigioso Premio Hilly Mendelssohn de Poesía, en 1983. El libro tiene la estructura de un breve concierto de clavicordio: un poema-preludio que enuncia con su acorde el tema y luego 10 poemas en los que se sigue una original técnica de contrapunto: el recuerdo de un momento de la niñez, los hechos y circunstancias vividas en esta etapa de la vida, son vistos luego desde la realidad del presente que ha sido condicionado por aquellos momentos. Pasado y presente para un futuro poético. El clavicordio es, sobre todo, un libro autobiográfico en donde Elda, sin ser nombrada, está presente en casi todas las páginas: el río, la estación de ferrocarril, las calles y plazas, la iglesia, el valle… ; Los sigilos violados (León, 1985), galardonado con el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y publicado por la Diputación Provincial de León en 1985, puesto que también ganó el Premio de la VIII Bienal de Poesía Provincia de León. Los 24 poemas del libro están estructurados en cuatro apartados, pero en todos ellos hay una preocupación central, un leit-motiv que emerge frontal en bastante poesías y subyace prácticamente en todas: el paso devastador del tiempo, que, ahora, a diferencia con el poemario Ardieron ya los sándalos, no tiene el contrapunto de una improbable victoria del amor ; Territorio del fuego (Madrid, 1988 y 1989). Pocas veces después de Rubén Darío, a quien Porpetta debe tanto, el verso libre ha conseguido la musicalidad y riqueza expresiva que hay aquí. El cuerpo femenino es el tema monocorde de estos 20 poemas en los que la alegoría alcanza cotas de profunda belleza en imaginación. ; Década del insomnio. Selección e Introducción de José Mas (Madrid, 1990); Adagio mediterráneo (San Sebastián de los Reyes/Madrid, 1997); Silva de extravagancias. Prólogo de Pedro J. de la Peña (Madrid, 2000); Penúltima intemperie (Antología personal). Introducción de Florencia Martínez Ruiz (Valencia, 2002); De la memoria azul (Valencia, 2003); Como un hondo silencio de campanas. Prólogo de David Escobar Galindo (San Salvador, 2005); y La mirada intramuros. Prólogo de Rafael Carcelén García (Madrid, 2007).
Ha publicado ensayos sobre la vida y la obra de Carolina Coronado (Madrid, 1983) y Gabriel Miró (Alicante, 1996; Madrid, 2004; Valencia, 2009), así como una Historia de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, con prólogo de Leopoldo de Luis y epílogo de J. Gerardo Manrique de Lara (Madrid, 1986). Y como narrador, Manual de supervivencia para turistas españoles (Madrid, 1990); El benefactor y diez cuentos más (Alicante, 1997); Memorias de un poeta errante. Introducción de Adela Pedrosa (Elda/Alicante, 2008); Historias mínimas y otros divertimentos (Madrid, 2009); y Guía práctica para turistas inexpertos (narrativa de humor) (Madrid, 2011).
Grabaciones en su voz: Casete Territorio del fuego (Madrid, 1989); CD Mi palabra y mi voz (Madrid, 1998); y CD Versos para quien sepa amar (Elda/Alicante, 2009).
Amplias antologías y estudios de su obra en los libros: Antonio Porpetta: Una voluntad poética, de R. Hiriart (Alicante, 1988); Antonio Porpetta: Memoria y presencia, de S. Pavía (Elda/Alicante, 1993); Antonio Porpetta: Análisis y aplicaciones pedagógicas de su obra poética, Tesis doctoral de M. Klass (Nueva York, 1998); y La poesía de Antonio Porpetta: Un mar de temas y de símbolos, Tesis de licenciatura de O. Condrea (Iasi, Rumania, 2001).
Agenda de actividades, recomendaciones y novedades de catálogo del Centro de Recursos y Biblioteca de la Agregaduría de Educación de la Embajada de España en Eslovaquia
“La lectura y la escritura han sido sacudidas por la cultura digital. Esto determina la necesidad de cambiar la perspectiva y reorientar en consecuencia la misión y las funciones de las bibliotecas.”
"Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: llegar allí es tu destino. Mas no hagas con prisas tu camino; mejor será que dure muchos años, y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, rico de cuanto habrás ganado en el camino. "
Este es el blog de Colchones.es, tienda online de venta de equipos de descanso, donde te damos consejos para elegir tu colchón, base, almohada, canapé, somier y más.