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No hay documentos escritos en griego hasta el siglo V, anteriormente hay muchas lenguas en el Mediterráneo. El latín se habla desde el siglo VII, pero no hay un solo docuemento escrito hasta el siglo III a.C., ni siquiera las leyes de las Doce Tablas que nadie ha podido encontrar. Alrededor de los siglos V-VI y principios del III a.C., en el Mediterráneo hay muchas lenguas autóctonas pero solo tienen reflejo escrito a partir del contacto con el mundo latino. El latín anima a estas culturas para que el sistema de escritura se convierta en una manifestación común.

Roma, se fue dotando de sistemas de regulación de la vida cotidiana. Ej. Calendario, sistemas de registros de la vida política, etc. Estos registros escritos ya aparecen en el siglo III a.C. y son todavía textos muy lacónicos. Los calendarios son el tercer elemento antiguo de la vida de Roma, que marcaba las fiestas religiosas.  La primera evidencia itálica es pública. Roma pone el latín al servicio de la vida pública.

Las lenguas se usaban a nivel oral y Roma lo que extiende es la costumbre de utilizar la escritura como reflejo de la vida pública y social. Roma comienza a fines s. III a ser selectiva en el modelo del soporte dependiendo del documento a escribir. La generalización de la práctica escrita en un contexto regional es lo que se conoce como hábito epigráfico.  A mediados del siglo I a.C., el latín es la lengua general de todo el Mediterráneo.

La inscripción más antigua latina fuera de la Península Itálica es la inscripción votiva a Minerva del Siglo III a.C. en Tarragona. Estas primeras evidencias se encuentran en las monedas, se van a generalizar los letreros escritos en las monedas. A principios del siglo II a.C. ya hay en Hispania estelas funerarias y a mediados del siglo II ya se escribe.

El bronce y el plomo se convierte en material para documentos indígenas con los mismos fines que los romanos. Ej. pieza pequeña en forma de toro con el nombre de una ciudad. Es lo que en el mundo latino recibe el nombre de tésera de hospitalidad que servía como salvoconducto. Imagen

Roma no extiende solo la práctica de la escritura, sino toda su cultura y sus costumbres. En el proceso de traslación del latín hay:

* Estado inicial, cada uno conserva su lengua

* Bilingüismo de Sertorio.

* Con escritura latina, pero la lengua es la indígena, s. I a.C.

* Generalización de textos latinos como único sistema de escritura.

Hasta mediados del siglo I a.C. la epigrafía no es una fuente directa para conocer la antigüedad. A la adopción de la epigrafía como medio de información se le conoce como hábito epigráfico. Así, cuando se evalúa el hábito epigráfico hay que tener en cuenta:

* Número de inscripciones

* Tipo de materiales empleados que condiciona el hábito.

* Forma de trabajar esos materiales

* Rasgos de la escritura usada en las inscripciones

* Contexto social.

En algunas zonas del Imperio Romano, las inscripciones se graban con falta del conocimiento del latín por lo que aparecen muchos errores. La mayor parte de las inscripciones pertenecen al s. II d.C. donde se pone de moda los programas epigráficos en los foros. En los cementerios del siglo IV d.C., en lugar de una inscripción se ponia un monolito sin grabar y quizá el monolito fuera pintado.

El hábito epigráfico necesita del estudio de la numismática, etc. para explicarlo. En ocasiones el escaso número se debe a expolios. Una de las causas más importante de los desequilibrios numéricos de una provincia a otra es la presencia de los santuarios antiguos. Esto es fácil de detectar porque contienen el nombre de la divinidad a la que se venera. Tiene dos características:

* Gran cantidad de textos

* Peor calidad porque los fieles llegaban al santuario sin la pieza y la encargaban en talleres que estaban fijos en santuarios.

La producción epigráfica está condicionada por tres circunstancias externas:

* Disponibilidad de materiales

* Capacidad adquisitiva de la población

* Capacidad de los artesanos

No todos los artesanos tenían la misma habilidad. Uno de los problemas fue el conocimiento insuficiente del latín por muchos artesanos. Muchas inscripciones llegadas a nuestros días hay que tener mucho cuidado porque muchas tienen errores. Así se sabe dos cosas:

* En el mundo romano, todo el mundo sabe hablar latín

* No más del 20% de la población, sabe escribirlo con claridad y la mitad de la población desconoce como se escribe el latín y las dificultades técnicas que hacen que la epigrafía fuera producida únicamente en talleres oficiales que se conocen como oficinas lapidarias. ImagenHay varias denominaciones en estas oficinas:

* Quadratario, trabaja el soporte

* Lapidario, hace la inscripción

En algunas también habia:

* Marmorario, se dedica a la escultura

* Statuario, esculturas de bronce

En algunos talleres, se engañaba a la clientela, muchos no sabían el latín y buscaban el aspecto externo para que quedara bien.

En las epigrafías se encuentras rasgos de trabajo. La primera distinción es saber si el artesano dibujó previamente sobre el soporte o lo realizó directamente.

El hábito epigráfico en el imperio tiene un gran referente en las modas. La moda condiciona el producto de la mayor parte de los talleres. La uniformidad estética y de contenido es absoluta en el imperio romano.

Las oficinas epigráficas son difíciles de distinguir ya que no se puede reconocer por similitudes formales en cada territorio. Se debe definir por rasgos internos: rasgos homogéneos formales, usos internos de la escritura, trabaja para una clientela homogénea con lo cultural, social, etc. Ej. Oficina de los Pelendones. Los Pelendones son ganaderos y representan animales en sus inscripciones en la parte inferior. También hay abandono de las expresiones del latín.

Las oficinas epigráficas tuvieron su época de esplendor en los siglos I-II, sobre todo, en las cercanías de los campamentos estables de retaguardia, en los que residia una gran cantidad de soldados junto a su familia. Alrededor de los campamentos surgieron las CANABAE. Una legión con sus canabae podia tener 18.000 habitantes, que daban trabajo a varias oficinas epigráficas, que llegaron a superar en cantidad y calidad a algunas urbanas.

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