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Nació Germán Bernácer Tormo en Alicante el día 27 de Junio de 1883 en el número 10 de la calle Princesa, la actual calle Altamira. El otro lado de la casa daba a la calle San Fernando delante de los conocidos edificios Lamagniere y Carbonell, entonces inexistentes, y desde su casa se veía el mercado que existió en la Puerta del Mar, así como el Cabo de las Huertas, las Cúpulas de San Nicolás y de Santa María. De sus primeros años de vida, su hermano Julio, en la obra “Infantilia” narra lo que parecía que iba a ser desde niño una constante en Germán: el sentido del estudio y de la observación y su vocación por la docencia manifestadas de forma precoz: “Siendo todavía muy niño, mi hermano –desde la azotea- iba nombrando las diversas constelaciones aprendidas en un planisferio celeste”.
Mas tarde la familia se trasladó a la calle Bazán. A la calle Altamira daba el modesto comercio que sostenía a la familia; una abacería donde se vendía de todo: especies, hilos, cintas, ultramarinos, juguetes, baratijas… Germán hubo de alternar el trabajo en el comercio familiar con los estudios a los que se entregó dando muestras de una inteligencia y vocación excepcionales.
A los catorce años comenzó sus estudios en la Escuela Superior de Comercio de Alicante, situada entonces en el edificio de “La Asegurada”. El Doctor José Ferrándiz Casares, que tuvo como profesor a Bernácer, dice: “A principios de siglo, en la calle Bazán de nuestra ciudad, un quinqué irradiaba cierta fama. Al pasar junto a la casa iluminada por la débil luz, algunas personas decían: Ahí esta el chico que se pasa las noches estudiando”. Los vecinos sabían que, además, aquel joven, para ayudar a su familia, había estado dando clases particulares durante el día. El esfuerzo y la inteligencia demostrarían, con Bernácer, el valor que poseen unidas ambas cualidades.
Pertenecía Germán a un grupo de jóvenes e inquietos alicantinos que llegaron a ser relevantes personalidades y que se llamaron entre sí “amigos-hermanos”. Además de Bernácer (1883) y Gabriel Miró (1879), figuraban, entre otros, Oscar Esplá (1886), Juan Vidal (1888), Eduardo Irles (1883) y Emilio Costa (1882) –que era Director del Diario de Alicante, órgano de acogida y expresión de este grupo de amigos, siempre profundos amantes de su tierra alicantina, entre los que siempre existió el apoyo y aliento de quienes se sabían llamados a abrir nuevos horizontes culturales.
Las brillantes calificaciones en sus estudios se sucedían y en 1901, con sólo 18 años Bernácer es nombrado profesor auxiliar de la Escuela Superior de Comercio.
En aquel difícil principio de siglo en que Bernácer consigue su plaza como docente en la Escuela de Comercio, Alicante se hallaba sumida en una crisis económica que se inició en 1899, tras las pérdidas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, las crisis gubernamentales en el recién estrenado reinado de Alfonso XIII, los disturbios obreros del mismo 1901 y las dificultades con Marruecos. El comercio familiar de los Bernácer, como muchos otros, se vino abajo. Germán sintió la llamada de la responsabilidad y obtuvo recursos para la familia dando clases particulares, y en 1905 sus esfuerzos se vieron recompensados; a los veintidos años, fue nombrado catedrático de Tecnología Industrial de la Escuela de Comercio de Alicante.
En 1911, solicitó a la Junta para Ampliación de Estudios una beca que le permitió durante ocho meses investigar y estudiar en Francia, Bélgica, Alemania, Suiza e Italia. Razonó su petición argumentando las carencias en las cátedras de nueva creación de Tecnología Industrial de las Escuelas de Comercio y la necesidad de estudiar los Laboratorios y Gabinetes de Física de las mas renombradas Escuelas del extranjero, observando los sistemas de enseñanzas y los programas de material. Simultáneamente se proponía visitar los grandes establecimientos fabriles y comerciales que se distinguían por su perfecta organización económica y administrativa convirtiendo la industria en un negocio productivo para el capital, permitiendo, a la vez, abaratar los productos.
En su petición indicaba como objeto del viaje: “ensanchar los conocimientos científicos del profesorado de la mas elevada investigación, romper, por decirlo así, el caparazón de nuestra limitada cultura nacional para hacerla ascender a las superiores regiones en que luchan las primeras cruzadas del ejercito de la ciencia…”; y añadía: “Hoy no hay fronteras para las ideas, y menos para las científicas…”
Esta experiencia fue determinante para su dedicación a la ciencia económica. Eran tiempos difíciles, de profundos cambios y significativas aportaciones teóricas y tecnológicas, en los que hubo una crisis económica internacional duradera, grandes huelgas ferroviarias, nuevas leyes de protección a los obreros, anexiones y guerras que preludiaban la de 1914. Es muy probable que aquella intensa y rica experiencia por Europa estimulara al joven profesor Bernácer a publicar en 1916 su obra “ Sociedad y Felicidad “.

 

Durante mas de 25 años permaneció en la Escuela de Alicante alternando su función docente con la publicación de temas económicos, sobre todo en la Revista Nacional de Economía. Uno de estos trabajos “La teoría de las disponibilidades como interpretación de las crisis económicas y del problema social” impresionó al economista inglés Robertson quien lo publicó extractado en la Revista “Económica” de Cambridge, dándole fama y notoriedad internacional.
Permaneció en Alicante hasta 1931 fecha en que se trasladó a Madrid al ser designado jefe del Servicio de Estudios del Banco de España. Bernácer solicito la plaza argumentando que “ el cargo por su naturaleza responde a mi vocación y a mis trabajos”.
Contaba Óscar Esplá en un artículo que en la rememorada tertulia de Ortega y Gasset y sus amigos en la Granja del Henar había citado las teorías de su amigo, el economista Germán Bernácer, practicamente desconocido en España. Bernácer era un sorprendente autodidacta, un investigador solitario, en el cultivo de la Ciencia Económica, como lo fue su amigo Oscar Esplá en los primeros años en que estudió música. La reacción de Ortega ante la referencia a Bernácer fue tajante manifestando que no creía en los genios agazapados en provincias esperando a que los descubrieran. Esplá le prestó la obra de Bernácer “El interés del capital” y al poco Ortega le dijo “Bernácer es una formidable cabeza pensante”. Con ese motivo fue Bernácer a Madrid; tomó contacto con Ortega, dio una memorable conferencia sobre “La peseta enferma” y –dice Esplá- que esto influyó en la nueva trayectoria de su vida pues al poco tiempo le llamó el Banco de España para designarle Jefe del Servicio de Estudios.

 

Un testimonio de aquella amistad fue la dedicatoria que Bernácer hacía en 1945 a Oscar Esplá de su libro “La doctrina funcional del dinero” con la siguiente redacción: “A Oscar Esplá, a quien me unen muchos lustros de fraternal amistad y el recuerdo nostálgico de tantos caminos que hemos andado juntos. Germán”
Gran parte de la vida profesional de Bernácer transcurrió siendo Jefe del Servicio de Estudios del Banco de España: desde diciembre de 1931, hasta que cesó en el mismo cargo en noviembre de 1955 al llegarle la edad de jubilación. Su cometido consistía en reunir toda la información posible sobre las condiciones financieras de los mercados y proporcionar asesoramiento económico continuo a los rectores del Banco central para que las autoridades dispusieran de las orientaciones expertas para la toma de decisiones de política monetaria con eficacia y responsabilidad. En noviembre de 1936, siguiendo al Gobierno de la República se trasladó la Administración del Banco a Valencia. Este cambio también afectó al Servicio de Estudios y a Germán Bernácer, a quien se le ordenó el traslado a la capital valenciana. Al final de la guerra, con la apertura de depuraciones políticas, hubo un paréntesis en la carrera profesional de Bernacer en el Banco de España. En 1940 reingresó como Jefe del Servicio.

A partir de 1940 se intensificaron sus relaciones con las más relevantes personalidades en la historia del pensamiento económico. Su obra influyó mucho entre economistas anglosajones y franceses, como pionero de la ciencia económica moderna le solicitaron prologar obras, le invitaron a pronunciar conferencias y fue designado miembro de institutos y academias de ciencias económicas. Se han catalogado 255 títulos correspondientes a conferencias, libros y artículos en revistas de economía y periódicos escritos en español, italiano, alemán, ingles y francés—lenguas que hablaba y escribía correctamente-.

Finalizada la guerra civil española se produjo un enfriamiento oficial alrededor de su persona, pero había dejado una semilla de enorme categoría intelectual que continuaba dando frutos. El célebre economista inglés Dennis H. Robertson reconocía noblemente en 1940, a través de un artículo titulado “Una contribución española a la teoría de las fluctuaciones”, que las ideas utilizadas por él en su libro “Política bancaria y nivel de precios” las había expuesto Bernácer con mucho anterioridad. Y la visita a Madrid del mago de las finanzas alemanas, el Ministro de Hacienda Dr. Schacht, probó que por encima de las corrientes políticas dominantes la sabiduría de Bernácer era una necesidad para España. Para la reunión con Schacht en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas habían escogido diez o doce personalidades españolas. No figuraba inicialmente en la relación el español Germán Bernácer, pero el economista alemán, conocedor de sus trabajos reclamó su presencia. La participación del español en el coloquio originó un vivo debate en el que se manifestó tanto el espíritu exento de vanidad de Bernácer como la enjundia de su pensamiento, Cuando Schacht, por razones de oportunismo político, quiso destacar las excelencias del patrón oro, combatió Bernácer con sólidos argumentos la vuelta a este patrón, haciendo comprender que Alemania había salido de la depresión mundial gracias a una política expansiva cuya realización habría sido imposible con el patrón oro que el economista alemán defendía.

 

Hacía los años 50, publico la Editorial Aguilar una de las obras fundamentales de Bernácer, “Una economía libre, sin crisis y sin paro” de un interés tal que determinó la venta de todos los ejemplares. Y los grandes de la economía y la banca de entonces, Larraz, Arteche, el marqués de Aledo, Villalonga y Garnica, inquietos por la perspectiva del Mercado Común, y seguros de que mediante ese concurso recibirían el análisis deseado, encomendaron a Bernácer el ensayo mas sustantivo de los “Estudios sobre la unidad de Europa”. Su trabajo lo tituló “La doctrina del gran espacio económico”. Fundía en él historia y futuro, afirmando con visión avanzada que el espacio de España era Europa.
Célebres economistas que sintieron profunda admiración por Bernácer destacaron su gran categoría intelectual. Don Emilio de Figueroa, Catedrático de la Universidad Complutense, decía en 1983: “con motivo de un viaje a Roma conocí alli al famoso economista francés Jacques Rueff, quien al saber que yo era español, me dijo: -“España puede sentirse orgullosa de tener un hombre como Monsieur Bernácer”. Y más tarde, visitando la Universidad de Yale, en los Estados Unidos de América, el entonces jefe de los asesores económicos del presidente norteamericano, profesor Henry C. Wallich me dijo: “El profesor Bernácer, en la teoría monetaria, se ha adelantado a Lord Keynes y a muchos otros economistas de su época”.
Fue un intelectual en el más amplio y noble sentido de la palabra; poseía una vasta cultura que tenía como uno de sus exponentes su buen estilo literario. Amante de la literatura y de la música, era frecuente su asistencia a los conciertos y desde muy joven estudió a los clásicos siendo lector habitual de San Agustín, Stendlhal, Nietzche y algunos poetas de la que después fue llamada “ Generación del 27”.
En Madrid deseaba encontrar un ambiente propicio para sus estudios predilectos y a la vez satisfacer mejor sus aficiones e inquietudes culturales. Como anécdota que refleja su carácter tímido y las inquietudes intelectuales del grupo de amigos alicantinos, mencionaré que el día de su boda la novia hubo de esperar en San Nicolás pues Germán, que se encontraba en casa de Oscar Esplá, no se atrevía a interrumpir a Ernesto Halfter que interpretaba al piano un concierto para varios amigos que habían de asistir al enlace matrimonial de Germán con María Guardiola Costa.
Hay que aludir también a lo persuasivo de sus convicciones y sugestiones. Tenía una amplia visión de los problemas con soluciones supradisciplinares. La economía fue para el el mejor ejercicio intelectual. Siempre se apoyó en el análisis. Además, y en todo momento se sirvió de juicios morales que dieron firmeza a sus proposiciones, incluso con sacrificio de sus metas vitales. Estas cualidades reforzaban su amistad con Gabriel Miró, quien también mantuvo una gran exigencia de la ética. En Bernácer es asimismo destacable la importancia que concedía a la felicidad sobre el bienestar material como reflejo y producto de su bondad y de los sentimientos que siempre presidieron su comportamiento. Nunca concluía sin una aportación práctica y una meta posible. Historia y porvenir guiaban siempre su mente al servicio de la Humanidad.

Germán Bernácer murió en su casa de la Playa de San Juan en 1965. En el “ Despacho-archivo Germán Bernácer “ donado por los hijos del ilustre alicantino a la CAM e instalado en este Campus de la Universidad de Alicante, hay abundante documentación científica y testimonios de su hondo enraizamiento alicantino. En sus cartas a los amigos hay una constante referencia a su ciudad natal; Alicante era su lugar predilecto, su refugio espiritual. Fue generoso el apoyo que nuestro economista-humanista dispensaba a sus paisanos promocionándoles o ayudándoles. Bernácer llevó siempre a Alicante en el corazón.
Además de especialista en Ciencias de la Naturaleza era un gran amante de ésta. Las excursiones por la Sierra Aitana y sus estancias en la “ Masía del Molí de Benimantell, en el “ Clot del Pí “, frente a Guadalest y en su casita en la Playa de San Juan, eran refugios de enriquecimiento espiritual y de emocionados encuentros con su tierra y con sus amigos. En sus escritos se advierte que no escapa a su sagaz sentido del análisis de los fenómenos de la naturaleza vinculados – cómo no—a las paradojas de la de la desocupación, la superproducción y la crisis.

Su interés por los problemas sociales hicieron que dedicase sus mejores esfuerzos en busca de una mejor suerte para sus semejantes, sobre todo para las clases desamparadas en lo cultural y en lo económico. Consideró necesario—según sus propias palabras – “ la consecución del bienestar material, pero no como un fin en sí mismo, sino como un peldaño hacia la felicidad, que es un fin moral…”
Esta extensa biografía podría haberse sintetizado con una solo línea; con la dedicatoria que Gabriel Miró hacía en uno de sus libros al amigo y al que mas tarde sería considerado uno de los economistas mas ilustres, al que debemos grandes aportaciones a la ciencia económica. Decía así: “A Germán Bernácer, íntimo, docto, infantil, bueno y todo sencillez”.

Este artículo ha sido extraído en su totalidad de la transcripción de la Conferencia impartida por Don Manuel Sánchez Monllor en el Acto de Graduación de la Promoción 2002 de Diplomados en Ciencias Empresariales por Alicante.

 

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