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La carta fue utilizada como medio vehicular de comunicación entre los científicos durante la Edad Moderna, siendo ésta el instrumento que les permitió informar y difundir sus investigaciones. El tipo de comunicación que representó la correspondencia preservó la privacidad de algunas ideas. carta-de-alicanteGalileo condensó en varias cartas sus posiciones sobre diversos asuntos científicos, que en este formato evitaron enojosas revisiones por parte de las autoridades eclesiásticas. Por ello, los más discretos quieren fuentes de anonimato, usan precauciones estilísticas y recomiendan el secreto de cualquier fórmula acordada. La carta obra como un cemento entre unos individuos que tienen el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad, la Republique des Lettres, y como un fermento de su actividad intelectual. Uno de los resultados más importantes alcanzados por la correspondencia científica entre París y Londres, por ejemplo, fue el hecho de introducir en Francia los progresos de la ciencia inglesa y de la filología experimental de Bacon y en Inglaterra la matemática francesa y la filosofía cartesiana.

La colaboración y la confrontación resultan una necesidad para estos intelectuales ocupados en crear un nuevo saber. Los eruditos no solamente intercambiaban en las cartas unas ideas, unas demostraciones y unos principios, sino también aquellas servían en ocasiones para hacerse favores mutuos; compras de libros, recomendaciones de amigos, contactos con unos impresores, pedidos de instrumentos. La correspondencia supone una prolongación de la obra del científico, quien a menudo conserva borradores o copias de sus cartas, para su trabajo o en vista de una psoterior edición. Sin embargo, algún caso extremo ilustra la diversidad de estas actitudes. Por ejemplo, Pascal cuenta con treinta cartas de su mano. En compensación, tenemos las veinte mil de Leibniz. En otros casos, el autor podría tener en vista una edición póstuma, tomándose la molestia de ordenar y confiar el cuidado de su correspondencia a sus ejecutores testamentarios. Por ejemplo, de Descartes la correspondencia ocupa siete volúmenes del inventario levantado de sus papeles. Clerselier editó su correspondencia en París, contribuyendo a dar a conocer el pensamiento en Descartes a un amplio público. Otras veces eran los discípulos quienes se esforzaban en reunir las Untitledcartas y reservarles un lugar dentro de la edición de las obras del maestro. No es sorprendente que las de las grandes figuras científicas hayan atraído la atención de los editores.

Para dar a conocer estas cartas científicas se crearon unas redes de correspondencia que se conviertieron en verdaderos centros de recepción y distribución de cartas, así como en focos de irradiación del saber, además de ser una de las claves de la Revolución Científica. Las cartas eran enviadas a destinatarios que las copiaban y las reenviaban a una amplia red de contactos. Dos casos paradigmáticos son el de M. Mersenne y el de H. Oldenburg, que actuaron como epicentros expansivos de la información que recibían, o como animadores de propuestas en pro de la resolución de problemas, contribuyendo decisivamente a la difusión del conocimiento científico del momento. Además, fueron unos auténticos gestores de la administración de la información científica, desempeñando un papel esencial en pro de la ampliación y dignificación de esta actividad. Las cartas les permitían anunciar la aparición de unas obras, propagar noticias sobre el progreso de sus búsquedas y difundir sus actividades.

Marín Mersenne (1588-1648). Este fraile estableció su red de correspodencia en el convento de la Anunciación de París, en el que era visitado o en el que recibía una vasta correspondencia de muchos rincones de Europa e incluso de Turquía, Siria o Túnez. Entre sus corresponsales marin-mersenne-french-mathematician-and-monkse encontraban Descartes, Fermat, Hobbes, Galileo, Pascal y Huygens entre otros. Su contribución más señalada al avacnce del conocimiento fue realizada a través de una extensa red de correspondencia (en latín) con matemáticos y otros científicos de diversos países. En un tiempo en el que las revistas científicas todavía no habían aparecido, Mersenne fue lo más parecido al centro de una red de intercambio de información científica. Las tertulias eruditas que él organizaba en su casa tenían como parte esencial un debate de ideas, que él sabía dinamizar. Él proponía las cuestiones, estimulaba la publicación de las obras, suscitaba las discusiones y hasta favorecía y provocaba las disputas. Él es uno de los más ardientes propagandistas de la mecánica de Galileo en Francia. Incluso, dio a conocer la experiencia barométrica. Su mayor servicio a la filosofía fue su entusiasta defensa de Descartes, a quien visitó en su exilio en Holanda. Remitió a varios pensadores eminentes de París una copia manuscrita de la obra cartesiana Meditations y defensió su ortodoxia frente a los numerosos críticos que aparecieron entre el clero de la época.

Henry Oldenburg (1617-1677). Su obra científica tiene una enorme significación en lo que respecta a la consolidación tanto de la Royal Society (RS) fundada en 1662, como de su revista Philosophical Transactions (1665). Su mayor función 220px-Henry_Oldenburgfue la de redactor de cartas. Durante su vida activa como secretario de la RS escribió una media de seis o siete cartas y de las consideraciones que sus corresponsales le hacían llegar en cartas, creó una cierta aureola de falta de discreción. El éxito de la correspondencia de Oldenburg en la segunda mitad del siglo XVII descansa sobre sus cualidades personales: su fino estilo literario, su conocimiento de varias lenguas, su apertura de espíritu, su interés por la ciencia, su tacto y diplomacía y su frecuentación de la Europa sabia. A partir de 1665, él se ofrece como editor de la Philosophical Transactions. Esta revista se nutre de los extractos de numerosas cartas que le son dirigidas a él para ser publicadas; mientras sus corresponsales toman la costumbre de responder a cuestiones que le son planteadas ahí en ella. El ocaso de la revista y de la correspondencia de la Academia a la muerte de Oldenburg muestra hasta qué punto su personalidad fue su mayor baza.

La mayoría de los especialistas en la llamada Revolución Científica mantienen la opinión de que el embrión de las instituciones científicas modernas, así como de las revistas, se articuló en torno a la práctica de la correspondencia regular, su lecftura fue una de las actividades principales de las academias científicas surgidas desde la segunda mitad del siglo XVII. Las cartas eran leídas y discutidas en las asambleas por sus miembros, que podían de este modo conocer y dar a conocer los últimos avances en numerosas áreas de investigación. La publicación periódica de esta correspondencia recibida y debatida se convirtió en el punto de partida de las revistas creadas por estas academias. A su vez, los artículos contenidos de estas revistas retomarían la estructura narrativa de la correspondencia científica. Más las Philosophical Transactions y el Journal des Savants (1665) no son las únicas revistas científicas de la época philosophical-transactions-v1_510inaugural. También está la Literatti italiana (1668) y la Miscellanea Curiosa alemana (1670). Así, pronto las revistas científicas empezaron a reforzar el concepto de autor, cuya importancia residía tanto en la cuestión de los beneficios económicos como en la de la responsabilidad.

Actualmente, el género epistolar sigue vigente, aunque ha cambiado de formato, pues los correos electrónicos no son más que una evolución de las antiguas cartas manuscritas. Además, la forma del artículo científico actual, todavía, nos remite a la estructura narrativa de las correspondencias que se intercambiaban los científicos desde el siglo XVII

(Fuente. Revista Cejillas y Tejuelos. Artículo escrito por Feli Jiménez Corbalán)

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