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Novela de Juan Marsé publicada en México en 1973 y dos años después en Barcelona. juan_marse

Crueldad y lodo social tratado con indiferencia y atrevimiento. Un narrador recrea la posguerra española a través de confusos y demoledores recuerdos que bucean en los primeros años cuarenta y que se extienden hasta los sesenta. El título es un verso del himno falangista, el de los vencedores de la guerra, aplicado a la batalla, pero trasladado aquí al ámbito de la vida misma

Sarnita rememora, a través de varias y largas miradas retrospectivas, los años oscuros de la inmediata posguerra alrededor de la muerte de Java, su amigo. Había utilizado Java medios de todo tipo para alcanzar una destacada posición social. Algunos habitantes de los suburbios, tipos muy distintos, y unos cuantos anarquistas organizan acciones violentas contra los acomodados vencedores de la guerra. El rencor, la venganza, todo tipo de vejaciones tan brutales como sexualmente siniestras están permitidas. Los personajes sufren ese duro desgaste necesario para huir esencialmente del hambre, pero también de la pobreza, del tétrico destino de la marginación. Un ambiente sórdida que deja lugar a la violencia. Si-te-dicen-que-cai-TAPA-DURA-CON-SOBRECUBIERTA_libro_image_big[1]

Debe el lector saber desde el principio, para encajar sus lecturas, que el Ñito (Nito) es Sarnita y que el cadáver es el de Java. Luego el centro es la historia de Ramona/Aurora, y sus relaciones con el señorito Conrado y con las niñas del orfanato y otros niños de barrios muy humildes. Aquí lo verosímil traspasa los límites hacia el mito para conferir ambigüedad a sus historias, con una voluntaria y declarada imaginación que suavice la impiedad de los episodios. Brotará entonces, encarnecida y satirizada, la condición moral de una España que es la de los vencedores de la guerra. Dice que el autor que son los ambientes donde pasó su niñez. La lectura nos lleva por una serie de episodios inconexos y de intrigas de gran fuerza para reconstruir un ambiente, pero también para confundir, despistar y despertar al lector. De esa primera impresión, solo queda el haber pasado por unas páginas repletas de odio y agresión, resultado del rencor del propio escritor. Y muchas veces se pregunta uno si las razones de tal ocultación se deben a motivos estéticos o van conducidas, sin mayor justificación, por la tendencia de la narrativa de la época inspirada en otras corrientes europeas y americanas. Este particular narrador que estimula su memoria conoce todo desde el principio, pero no se lo dice al lector porque parece no creer necesario hacerlo, o tal vez porque solo tiene conciencia de estar contándoselo a sí mismo. Para lograr la complejidad estructural se sirve de multiplicidad de perspectivas, de la desaparición del autor omnisciente, de la superposición de planos temporales, de la invasión de lo maravilloso en lo verosímil y de una voluntad de deformación de la realidad en busca de cierto tremendismo o irreverencia. Todo ello exige una relectura que permita encajar los episodios. No duda el autor en el empleo de términos agresivos, voces malsonantes, que apoyan las situaciones extremas y despiadadas de la obra. <<Una obra maestra – dice Soldevila – es, evidentemente, aquella que enriquece al lector con cada sucesiva lectura del texto, descubriéndole nuevas facetas, nuevos detalles no profundizados en lecturas previas, tal vez arrastrado por el interés de la anécdota. Pero cuando una obra tiene que ser releída una segunda vez para el entendimiento cabal de su primer nivel de significación, cabe preguntarse si no se han traspasado los límites entre la complejidad y la confusión>>. La novela es, cuando menos, especial, y algunos críticos sugirieron cierta premura en su composición.

 

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