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Novela realista de Benito Pérez Galdós publicada en 1888.

Novela de la burocratización (título compuesto por las iniciales de Moralidad, Income tax, Aduanas y Unificación), y la insensatez (es el apodo, <<las Miaus>>, que tienen asignado las mujeres que están a cargo del desafortunado protagonista, todas ellas menudas y de rasgos felinos). Los funcionarios de clase media tienen ligada su suerte a los avatares de la política. La ambientación corresponde a Madrid en la época que va del 26 de diciembre de 1887 a abril de 1888. PER5

Villaamil es un desesperado funcionario cesante. Se ha quedado sin empleo en un cambio de gobierno a dos meses de su jubilación, como tantos otros. Aunque el desahuciado visita a diario los negociados en busca de soluciones, solo recoge enconadas burlas, y un fracaso tras otro acumula angustias y serias perturbaciones en su carácter. Mientras tanto Doña Pura, su esposa, sigue despilfarrando la hacienda, y doña Milagros, su cuñada, se muestra incapaz de poner freno, y Abelarda, su hija, apocada y acomodaticia, sigue a las otras. Las tres acuden asiduamente a la ópera, como antes, aparentan una situación desahogada y no están dispuestas a modificar unos hábitos que, para mantenerlos, tiene el cesante que sablear a diario a sus amigos y conocidos. Pero se agota el filón, y lo que parecía no tener importancia se agrava con el tiempo, hasta que la situación de escasez, incluso de miseria, se hace insostenible. Mientras tanto su yerno, Víctor Cadalso, guapo y sin escrúpulos, obtiene los puestos y ascensos negados a Villaamil. No le importa al joven servirse de influencias femeninas poco honestas mientras el cesante, que ve acentuado su pesar por el vacío y el absurdo, va evolucionando hacia la locura ayudado por una serie de reacciones neuróticas. Dentro de lo patético, la decisión de quitarse la vida para escapar de la cárcel del mundo y de la pena que lo aprisiona no se presenta como desoladora, sino como liberadora, como culminante y definitiva. miau

El hombre se enfrenta a la incógnita de su destino, a una inesperada situación, ni siquiera trágica, que cambia el rumbo de su vida. En el mundo que Villaamil descubre, y en su mundo interior, se alza una dura crítica a los estamentos sociales y a la necesidad de un cambio, pero también aparece el juego de los destinos, la inutilidad de preguntarse el porqué y el cómo del hombre y su impotencia para hacer algo que pueda modificarlo. Para Casalduero lo que ofrece la novela es un personaje <<incapaz de perforar el mundo hostil que le rodea, de abrirse una brecha que le conduzca a lo estable y lo permanente, que deshaga el misterio y lo sitúe en la zona diáfana del ser y del conocimiento>>. Pero Villaamil se recrea en la angustia y se protege con la protesta, y su inadaptación a las injusticias de un mundo tan egoísta encuentra en el suicidio la única manera de liberarse de ellas. Y en cuanto a los otros personajes añade Casalduero que <<los ojos cansinos de Abelarda no dejan sospechar las pasiones que la atormentan. La frente noble, la mirada serena de Víctor, encubren un ser pérfido. El mundo externo y el interno pueden llegar a ser completamente independientes el uno del otro, adquiriendo el mundo de los hechos, los signos, las formas, absoluta autonomía respecto al de la voluntad, la conciencia y el espíritu. Esta relación de los dos mundos se agranda al confrontar Galdós la mera apariencia espectacular con la realidad dramática, y obtiene de ese contraste y efecto cómico que nos muestra su actitud irónica, es decir comprensiva, ante la vida. Por último, ambos temas desembocan en el conflicto entre lo sobrenatural y la zona de los sentidos>>. Diversas interpretaciones tiene, por otra parte, la figura del nieto epiléptico de Villaamil, Luisito y sus conversaciones imaginarias con Dios, tara sin duda hereditaria acorde con la locura de su difunta madre y los arrebatos de su tía Abelarda. La corriente de preocupación religiosa que en Galdós siempre está a flor de piel ha empezado una vez más a fluir con fuerza aunque en una dirección distinta de la de sus primeras novelas religiosas. Presenta aquí una realidad predominantemente objetiva en opiniones, actitudes y comportamientos, incluso en los religiosos y deja al lector sacar sentido ideológico del material que se le ofrece. La destreza del narrador se pone de manifiesto en dos excelentes recursos: la experimentada observación expresada en un tono benévolo y equilibrado, y la expresividad y familiaridad de un lenguaje que, con fluir natural, surge suelto y elocuente hacia la exploración en lo impenetrable, hacia el ambiente, hacia los temperamentos…todo lo busca el autor, incluso la dimensión psicológica mediante el análisis de los sentimientos humanos, por eso el monólogo final resulta de una gran belleza.

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